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miércoles, 24 de agosto de 2016

De nuevos caminos y soledades permanentes

Mis queridos amigos y amigas, quienes me conocen desde hace tiempo e incluso quienes han leído o lean las publicaciones antiguas del blog, sabrán que los asuntos del corazón ocupan un lugar importante en mi vida, que hubo una etapa en la que era una necesidad e incluso recientemente que me descubrí listo para enamorarme y entregarme de verdad, es inevitable en muchas ocasiones para mí no involucrarme sentimentalmente con alguien en buena medida por mi forma de ser y a veces incluso, por presión de otras personas, por no sentirme solo y por muchas cosas más.

Pues bien, déjenme contarles que hoy mientras me encontraba atascado sin poder llegar a casa por culpa de una manifestación, me quedé pensando en lo que he vivido en recientes fechas, en como estuve tan cerca de enamorarme hace unos meses de un chico increíble con quien tuve historia hace casi dos años pero que ofrece menos de lo que yo merezco y aunque lo quise y lo quiero sé que no es para mí y que no es por mí, me puse a recordar los absurdos dramas casi adolescentes en los que me vi envuelto recientemente por un par de personas desagradables que del amor no entienden nada, principalmente del amor propio y de verdad deseo que ese par encuentre ese amor que les hace falta, me puse a pensar en el amigo incondicional por el que me he sentido casi enamorado desde hace tanto tiempo pero que jamás verá en mi ni la mitad de cosas buenas que yo veo en él aunque me diga que lo hace, aunque duele, no soy la persona para él, ni él es la persona para mí y de nuevo, no es por mí.

Y después de tanto pensar en todo eso, llegué a mi pensamiento de las últimas semanas, en las que por fin acepté que estoy negado al amor, en esas semanas difíciles en las que me alejé de todo y de todos porque realmente lo estaba pasando mal adaptándome a esa nueva realidad y por fin pude decirme que no merezco eso.

No sé si a todos les pase, no sé si es otra etapa más como todos dicen pero de verdad que no necesito que lo hagan o si algún día va a cambiar pero lo que sí sé y es lo que me ha costado tanto, es que no voy a dejar que la vida simplemente me vaya aventando de un lado al otro emocionalmente hablando, así que basta de dejarle las riendas de mi vida amorosa al destino, a la vida, a fuerzas más allá de lo humano, a otras personas; hoy al fin siento que soy yo el que está decidiendo y lo sé porque no lo hago a través del dolor ni mucho menos, lo único que sé, es que este corazón que llevo en mi pecho, que hoy se encuentra vacío pero limpio, que tiene abiertas las puertas de par en par para los verdaderos amigos, para la familia de corazón y no nada más la de sangre pero que es más selectivo ahora, que hoy este corazón que se siente tan preparado para amar decide cerrar sus puertas para relaciones de pareja.


Si, sé lo que muchos van a decir, pero creo que me hace falta tomarme un buen tiempo de descanso, un buen tiempo en el que las posibilidades están cerradas y yo también, en el que, después de tanto luchar con mis soledades al fin he comenzado a quererlas, a entenderlas como parte de mi y así quiero que se queden, un tiempo en el que me dedique exclusivamente a mí, a mi crecimiento académico, profesional, un tiempo en el que deje de culpar a mi cuerpo imperfecto de no obtener lo que supuestamente necesitaba y en lugar de eso, disfrutar de mi mismo, de mi soledad, de abrazarla y de aceptar que estamos juntos en este viaje y que quizá, no exista retorno porque yo no quiero que exista.


jueves, 30 de junio de 2016

Compartiendo la cama... y otras anécdotas

Mis queridos amigos y amigas, a esta hora muchos de ustedes ya estarán acostados en su cama, preparándose para entregarse a los brazos de Morfeo mientras yo escribo estas líneas, haciendo un repaso de su día, planeando el siguiente, haciendo oraciones por sus seres queridos, relajando su mente, sus músculos, su ritmo cardiáco se vuelve un poco más lento al igual que su respiración, es justo ese el momento en que a mi parecer, somos realmente nosotros mismos, no hay que pretender nada, podemos ser quienes somos en realidad así tan cómodos como podemos estar, moviéndonos como nos plazca, algunos envueltos en una cómoda pijama, algunos usando algo más atrevido, algunos incluso enfundados únicamente en nuestra piel, no hay lugar para esconder nada, incluso si llegamos a hablar dormidos, lo hacemos sin filtros, sin pensar en el que dirán y entonces me vienen un par de preguntas a la mente… ¿Lo estás compartiendo? ¿Quién es digno de conocerte tal cuál eres en ese momento tan real?

Y es que no sé ustedes, pero para mí, dormir acompañado no es nada fácil, en nuestra vida nos pasa muchas veces y para algunos es cualquier cosa, como compartir el asiento en el autobús a casa o en una sala de espera, porque claro, desde pequeños nos acostumbramos a compartir cama con nuestros padres o hermanos, con algunos primos cuando te quedas a dormir o con amigos, pero conforme nuestras vidas se vuelven adultas, compartir la cama a veces va más allá de la simpleza de compartir un espacio físico, se trata más bien de compartir nuestra intimidad, aunque no haya sexo de por medio.

Personalmente puedo decirles que a mí se me dificulta mucho sentirme cómodo compartiendo cama con alguien más, me gusta tener la libertad de moverme a mi antojo pero también sé, que hay personas con las que simplemente te sientes a gusto y te gusta compartir la cama. Alguna vez, llegué a la conclusión de que yo no servía para dormir con alguien más; tenía este novio con el que en ocasiones me quedaba a dormir y que siempre me pedía que lo abrazara y yo simplemente no lo hacía, me sentía asfixiado si me abrazaba y prefería que hubiera distancia entre los cuerpos para mayor comodidad, evidentemente eso no duro mucho y cada quién siguió su camino; no he compartido tantas camas en realidad pero pensaba que no era lo mío hasta que claro, pasé una noche con alguien que de verdad me importaba, dormí entre sus brazos toda la noche sin problema… por la mañana tuve que moverme para estirarme pero lo único que quería era quedar de nuevo junto a su cuerpo, lamentablemente eso no se repitió y a veces aun sigo queriendo sentir ese calor de su cuerpo pegado al mío que me parecía tan reconfortante.

Y también ocurre a veces, que inesperadamente compartes cama con alguien, como cuando un chico que te agrada te invita a ver una película, en una cama tan pequeña que te obliga a estar sumamente cerca y el contacto de los cuerpos irremediablemente te lleva vivir agradables experiencias que no se vuelven a repetir o cuando por alguna razón, te toca compartir cama con un chico heterosexual que te atrae y aunque te mueres de los nervios, la libertad de movimiento que acompaña al sueño te hace quedar tan cerca de él que puedes sentir su respiración en tu piel, e incluso sin darse cuenta adoptar la posición de “cucharita” y que de forma hasta inocente te permite cumplir ciertas fantasías románticas (no sexuales), que de otra forma no experimentarías jamás.

Y el punto es, que en ciertos casos, cuando emocionalmente estás involucrado con una persona, acompañarse en la cama, para dormir, puede llegar a ser toda una forma de conocerse, de expresar los sentimientos hacia el otro, de compartirse y de mostrarse quienes son en realidad, cuando el cuerpo no esconde nada ni esta disfrazado para cumplir estándares sociales y por eso es que quizá para mi es tan difícil compartir cama, porque representa mucho más que solo un objeto o un lugar, representa la posibilidad de soltarse plenamente ante la otra persona, confiar, entregarte… para mí, representa un sentimiento y un compromiso que espero vivir algún día, como con aquel chico cuya calidez de su cuerpo, me hizo dormir plácidamente entre sus brazos.

Y tú... ¿Estás dispuesto a compartir tu cama?

Un fuerte abrazo

Julián




miércoles, 15 de junio de 2016

LISTO PARA COMPROMETERME

Mis  queridos amigos y amigas, debo decirles que estoy en un punto de mi existencia de esos en los que  no hay retorno y es que llega ese momento en la vida de todo hombre o mujer en que uno simplemente toma este tipo de decisiones importantes, ocurre cuando uno se ha cansado de ir por la vida conociendo personas que no se van a quedar y que se vuelven simples relaciones pasajeras, cuando uno se cansa de pasar solo los momentos importantes, cuando uno está dispuesto a compartir sus cualidades y también sus defectos y aceptar los de alguien más, en el que uno simplemente ya está listo para entablar una relación seria, duradera, estable, en el que quieres compartir tu vida con alguien más y entonces… simplemente no pasa.

Seamos honestos, las flechas de Cupido en las últimas décadas no han sido muy eficientes para algunos de nosotros, para la mayoría quizá, a eso agréguenle el ritmo de vida acelerado, la impersonalidad de las interacciones en este mundo donde las redes sociales dictan muchas de las formas de relacionarnos, el interés que tenemos las personas por desarrollarnos en distintos ámbitos antes de de entablar una relación, la economía cambiante que determina que los sueños de boda de la infancia se cambien por esclavizarse en un trabajo para medio conseguir lo necesario para vivir, etcétera, etcétera, etcétera…

Pero además, la presión social que existe para los que ya pasamos de los 30 de sentar cabeza (aunque eso se preste al albur), ¡¡¡Sigue siendo la misma!!!  Entonces claro que muchos de nosotros andamos por la vida todos confundidos, entre el reloj biológico, la pérdida de la juventud, la presión social que les mencioné, el hecho de ver a nuestros amigos casándose y teniendo hijos, la falta de opciones para relaciones estables y los intentos fallidos.

Pues claro que personalmente he pasado por todo eso, que en ocasiones me han afectado de muchas formas esos factores pero ¿Les digo algo? Siempre he sido un fiel creyente de el amor y sé que algún día volverá a llamar a mi puerta, nunca he perdido la esperanza de que un día llegue el hombre de mis sueños aunque a veces me desanime, por eso es que creo que para los y las que estamos preparados para encontrar a alguien para compartir nuestras vidas, a veces nos parece más difícil cada día lograr esta meta, hace poco me dije a mi mismo que ya estoy preparado para una relación así de seria, casualmente me “reencontré” con un chico con quien salía hace casi dos años, pensé que quizá ahora si funcionarían las cosas y en realidad no paso (Y aunque creo que si estuve enamorado  y aun lo estoy un poco nunca supe que fuimos realmente). Claro que me decepcioné y pensé por momentos que esa “felicidad” no era para mí.

Efectivamente no lo es,  porque quizá tampoco era una verdadera felicidad pero esa es otra historia…  Mi punto es, que estar listo para algo así no significa que al día siguiente encontrarás al amor de tu vida, lo que quiero comunicar con esto es que, cuando uno está listo para algo grande e importante, como compartir tu vida con alguien, tener un hijo, cambiar de ciudad o cualquier cosa por el estilo sólo significa que estás madurando, de la misma forma que me pasó cuando decidí tatuarme, un día descubres que estás dispuesto a tener un compromiso de por vida y creo que eso debe hacernos bastante felices, significa que estamos tan a gusto con nosotros mismos que estamos dispuestos a ir un paso más allá, que estamos seguros que podemos marcar una diferencia en la vida de alguien más, significar, trascender de alguna forma y eso señoras y señores, eso sí que es felicidad.

Así que cuando sientas que estás listo para algo así, no te sientas preocupado por si pasa de inmediato o no, o incluso si no pasa porque no se trata de eso, siéntete orgulloso de tomar decisiones de vida como esa y disfruta de ser una persona con capacidad de comprometerse de verdad, pocos hay en el mundo que realmente llegan a entender la vida como tú.

¿Qué sigue ahora en mi vida? Pues seguir creciendo y ya sabremos algún día si lo que estoy dispuesto a aceptar en mi vida llega o no.

Un fuerte abrazo.


Julián



sábado, 28 de mayo de 2016

Mutismo emocional

Mis queridos amigos y amigas, quizá algunos se acuerden que una de mis tantas aficiones es escribir aunque cada vez parece que lo hago menos, no es que no quiera o que no los extrañe a ustedes, simplemente es que estoy estudiando de nuevo y ese es ahora mi pretexto para no pasar tanto por aquí.

¿Por qué digo que es pretexto? Pues por la simple y sencilla razón de que es justo eso ¡un pretexto! Y no lo digo (ni lo hago) con mala intención, simplemente es que hay ocasiones en las que no tienes ganas de decir muchas cosas, en las que el silencio es tu mejor aliado si estás reajustándote a una nueva etapa de tu vida, pero si eres inteligente, sabrás como dosificar tus silencios, porque no todo mundo sabe interpretarlos, si no expresas de alguna forma lo que sientes y quieres de la otra persona, es probable que nunca lo obtengas, desde decirle a alguien que hace algo mal, decirle a alguien que te gusta o estando ya en una relación de pareja comunicándose para seguirse entendiendo.

Imagínenme a mí, una persona con una profunda necesidad de expresar todo lo que siente y vive saliendo con “el mudo”  ¿Quién no ha tenido en su trayectoria en busca de la felicidad un novio o novia que parecen ser mudos? Que terrible es cuando tu pareja ¡No te dice NADA! Pues eso fue justo lo que me pasó hace ya algo de tiempo, comencé a salir con este chico que jamás me decía nada, de lo que sentía, de lo que quería, de lo que esperaba de mi… y siguiendo esta ”lógica” pues tampoco me dijo nada cuando se ya iba de mi vida y yo, me quedé como simple espectador sin poder hacer nada.

Y claro, al no saber qué es lo que la otra persona siente, desea y todo eso, muchas veces lo primero que hacemos es culparnos a nosotros mismos, preguntarnos qué cosa hicimos mal y muchas de esas veces, nosotros no tuvimos nada que ver en su toma de decisiones y estamos cargando culpas que no nos corresponden y no podemos permitir que eso nos dañe de ninguna manera.

Claro como dice el dicho “en la forma de pedir está el dar” a veces entramos en un círculo vicioso en el que nosotros demandamos explicaciones, palabras y acciones que la otra persona no está dispuesta a hacer o a dar, pero también creo que los que estamos en la otra mitad, necesitamos algunas explicaciones para comprobar las cosas, saber si marchan bien y sobre todo si la persona en cuestión  nos quiere o sólo estamos ambos, perdiendo nuestro tiempo, así que,  como decía la tía “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”.

Por eso es que en una relación, no sólo con “el mudo” sino siempre, debemos establecer bien las reglas bajo las que la relación va a regirse, reconocer que a veces nuestra pareja no es expresiva y no intentar cambiarlo a fuerza, reconocer que, si somos el mudo en nuestra relación, la otra persona tiene derecho a saber si las cosas marchan bien o no y jamás justificarnos con que “somos así” para tratar mal a nuestra pareja, si ya no queremos nada es mejor decírselo que tratar mal y esperar a que adivine, pero sobre todo, si estamos en una relación con el mudo y no nos sentimos a gusto, es muy válido decirle “te dejo porque no me expresas nada y yo lo necesito”.

Sobre mi mudo, intenté volver a pasar tiempo juntos, pero sigue teniendo un problema de mutismo emocional.

Abrazos.
Julián